12.2.06

Estás aquí y ya no (Melpómene)

Noto cómo la sonrisa de tus dedos sigue el camino que antes han hecho tus besos, recorriendo cada momento pasado juntos, cada risa, cada silencio. Y con la luz encendida nos sentimos; y con los ojos cerrados nos miramos.

Noto cómo te vas desprendiendo de tus inquietudes y sólo queda la esencia de lo único que importa en este momento. Y yo estoy tranquila, y te siento, te aprisiono, te dejas llevar y te llevo, viendo cómo cierras los ojos, tan cerca, tu respiración agitada, tu corazón borracho. En esta habitación ajena que mañana ya no se acordará de nosotros, testigo fiel de nuestro encuentro.

Y me vuelves a mirar, me muerdes, me besas, me susurras y no te puedo escuchar porque ya no estás ahí, sino aquí, conmigo, en mí.

Y el viento mueve las cortinas, las olas marcan un nuevo compás, las sirenas, hijas mías, cantan y nos arrastran a un lugar del que no regresaremos, al que no volveremos. Y yo soy tu barco; tú, mi argonauta.

Intentas escapar, te vas, te canto y la llamada es tan fuerte que vuelves, con más ansia. Y el agua estalla contra las rocas y explota y duele y goza. Y tu cuerpo queda varado en la orilla, dormido, feliz. Y yo te acaricio, te arrullo, te hago descansar para poder despertarte de nuevo, con besos, a la vez que maldigo al tiempo que huye, a la mañana que se acerca y que te hará olvidarme, renegarme, porque hoy es el último día, la última noche. El último adiós.

Y fue adiós en octubre, enero y febrero

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