Al principio todo era bastante complicado, ni siquiera yo sabía explicarlo. Pasaron varios meses en los que la gente me miraba raro cuando yo sacaba el tema. Luego, un día que ya tenía los nervios deshechos, decidí abordar al hombre misterioso y preguntarle directamente por qué me hacía eso. Desde ese día ya casi no hablo con nadie y procuro no salir de mi casa a no ser que sea extrictamente necesario.
Esa mañana se sentó a mi lado en la biblioteca de la facultad. Vestía muy raro, como si fuera un patricio romano. Me extrañó que nadie le prestara atención, la verdad es que nadie le miraba. Me tocó la mano y me dijo que dejara de estudiar y que le atendiera pues el mundo se podía terminar y sólo yo tendría la clave para salvarlo. Y a continuación comenzó a dictarme números. Empecé a apuntarlos según me los decía, pero cuando me quise dar cuenta era mi amiga quien estaba sentada a mi lado preguntándome qué hacía. Miré en todas las direcciones y el romano había desaparecido. "¿No has visto a un hombre vestido de romano?" Mi amiga se echó a reir y me contestó que lo único que veía era el suspenso que íbamos a sacar si no estudiábamos más en serio. No me atreví a contarle lo que el hombre me había dicho ni lo que había estado apuntando. Tiré el papel con la lista de los números sin que nadie me viese. Me sentía un poco avergonzada y me daba la sensación de que me habían puesto una cámara oculta para ver cómo me comportaba.
Por la tarde, mientras volvía a casa, el hombre se puso a caminar a mi lado. Ahora iba vestido de bombero y me dijo que sacara un bloc de notas y que fuera apuntando. No quería contradecirle, pero me estaba poniendo muy nerviosa. Me paré y mientras sacaba un cuaderno le pregunté que para qué tenía que apuntar los números, que porqué yo. Entonces soltó una carcajada y echó a correr. Yo le grité que por favor esperara, que no se fuera, pero ni siquiera volvió la cabeza. La gente me miraba como si estuviera loca por dar tantos gritos. Seguí hacia mi casa y me metí directamente en mi habitación, sin saludar a mis padres. Cuál sería mi sorpresa al ver que el hombre misterioso estaba sentado encima de mi cama leyendo uno de mis libros. Me dijo que me sentara y que escuchara. Dejó el libro a un lado y me explicó que había sido elegida para apuntar las series de números que, en caso de que fallara el ordenador central del Servicio de Inteligencia del país, pondrían en marcha el Mecanismo de Defensa Especial para evacuar a toda la humanidad. Le pregunté quién había decidido que debía ser yo la elegida y porqué. Me miró muy serio y me dijo que jamás preguntara eso, que todo era una misión secreta y que nadie debía saberlo. Que no hablara con nadie sobre él y que él sería quien se pusiera en contacto conmigo y siempre disfrazado para pasar inadvertido. Empecé a decirle que con el disfraz de romano de esa mañana no pasaría inadvertido, pero me puso una mano en la boca y me miró duramente. Entendí que no debía decir nada más. Me dijo que debería llevar siempre una radio conmigo, una radio que tenía mi padre en el salón, y que debía intentar sintonizar el 119 en am. Yo puse una cara de extrañeza puesto que el 119 am no existe, pero me dijo que ellos ya la habían manipulado y sólo yo podría escuchar las series de números desde esa frecuencia. Me dijo que una vez a la semana debería dejar la lista tomada en el buzón de correos, dentro de un sobre verde, sin destinatario ni remitente. Me instó a que fuera en ese momento a por la radio. Cuando volví, el hombre ya se había marchado.
Desde ese momento no me separaba de la radio, siempre con un bloc de notas preparado y apuntando los números que escuchaba. Al principio me costaba entenderlos debido a las interferencias, pero una vez que me acostumbré al ruido de fondo, éste no me molestaba y nada me impedía entender y apuntar los números, que cada vez se dictaban más rápido. Decidí tomármelo más en serio y dejé de ir a la facultad, ya que había tenido ciertos problemas al dejar la radio encendida durante las clases. Con mi amiga ya no podía hablar porque me quitaba tiempo de escuchar la radio y además me contaba cosas tontas que no me interesaban. Mis padres, gracias a dios, siempre estaban demasiado ocupados discutiendo entre sí o ignorándome, así que no me impidieron quedarme en casa cuando les dije que me habían pasado los apuntes y que aquí me concentraba mejor para estudiar. A los pocos días la lista de números era interminable. Llegué a rellenar unos 30 folios diarios. Cada folio lo había dividido en 4 columnas en las que me entraban unas 40 líneas.
El hombre misterioso sólo se deja ver los domingos, que es el día que bajo hasta el buzón para depositar el sobre verde. Para no perder demasiado tiempo en esta tarea normalmente no me visto y bajo con la ropa de estar por casa. Reconozco que me he vuelto un poco huraña y le gruño a las vecinas cuando me hacen algún comentario. La señora que vive en el segundo se esconde de mí y siempre dice que va a llamar a la policía. El hombre misterioso me ha dicho que esa mujer es espía y que debo tener mucho cuidado con ella.
Mi madre empieza a preocuparse por mí. Me ha dicho que tengo que arreglarme y salir más, que me ve muy desmejorada y que debería ir con ella al médico. No puedo. No puedo hacerle entender la importancia de mi trabajo. Me ha dicho que la próxima semana recibiremos una visita. Uno de sus mejores amigos es médico y quiere hacerme unas pruebas, que como sabe que estoy muy ocupada él se tomará la molestia de visitarnos en casa. Creo que intenta engañarme. El hombre misterioso me ha recomendado que huya, que ha hablado con sus superiores y que dentro de dos días dejarán las emisiones durante 24 horas para darme tiempo para escapar. Tendré que buscarme un sitio desde el que pueda apuntar mis números sin que me molesten. Tal vez la vecina del segundo, la espía, acepte alojarme en su casa... y si no acepta estoy segura de que conseguiré convencerla.
3 comentarios:
Tú has visto "Una mente maravillosa", ¡ja,ja!
Gracias a Amelche descubrí tu blog. Muy buenos textos, me pasé la tarde colgados en los títulos, en las frases, en la historia. Me gusto mucho encontrarte. Saludos desde BCN y hasta pronto.
El relato me recuerda una pelicula: una mente maravillosa". La esquizofrenia es un tema recurrente en el cine, recuerdo una de las historias de la peli 'Obaba' de Montxo Armendariz que tambien trata un caso similar, pero no por eso tu cuento es menos original. Me gusta que abordes un tema tan inquietante e interesante a la vez.
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