Los gritos, como truenos; las lágrimas, como lluvia. Mi vida es un temporal desde que estoy contigo. Empezamos hace 3 años, me enamoraste desde el primer momento, te hiciste imprescindible, me dediqué a ti en cuerpo y alma. Al principio, éramos el uno para el otro. Ahora, sólo yo intento que esto funcione, que no se hunda. Y tú pasas. Te ríes de mí, me haces llorar, eres cruel siempre que puedes, me ignoras cuando te necesito y me dejas esperándote por las noches, llegando de madrugada, a veces no duermes en casa.
Sé que tengo que terminar con ésto, sé que tengo que salir y demostrarme que soy capaz de vivir sin ti. Pero me cuesta tanto. Cada vez que me quedo sola llorando, cada vez que me siento desgraciada, recuerdo tus palabras amables de los primeros días, tus ojos bondadosos, tu cariño, tu amor. Pero no queda nada. Tus ojos no son más que rencor, tus manos, si me tocan, están frías. Ya no me amas.
Y yo he descubierto que tampoco te amo. Y no ha sido fácil llegar a esa conclusión, pero sé que si no puedo dejarte es porque he creado una dependencia, porque he apostado tanto en esta relación que tengo la sensación de que si la dejo perderé todo en lo que creía, todo mi futuro, que habré fracasado.
Pero no.
Déjame tomar aire, déjame cerrar los ojos y coger fuerzas porque cuando vuelvas, te lo diré. Te diré que me quiero ir, que quiero vivir mi vida, que quiero empezar a apostar por mí. Porque me quiero, simplemente por eso.
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