20.11.05

La lavadora fagocitante (Cristina)

Me aburro. Llevo media hora aquí metida y ya no sé qué más hacer. Tampoco es que antes tuviera algo que hacer, pero al menos había algo de ropa y, aunque estaba sucia, la he doblado. Parece mentira que, para estar en la situación en la que me encuentro, no haya perdido los nervios ni esté realmente extrañada. Y debería estarlo, porque no conozco a nadie que haya sido tragado por su propia lavadora. Aunque claro, también puede ser que jamás consiguieran salir para contarlo. Vaya, mi lavadora siempre había sido bastante tranquila, como todas. Si acaso se comía algún calcetín que otro de vez en cuando. La prenda más grande que se ha llegado a comer fue una camiseta interior, justo al volver de vacaciones. ¡Pobre! ¡Tendría hambre después de tanto tiempo sin trabajar!

[...]

Pero, ¿y yo qué hago? en casa nadie pone la lavadora excepto yo. Mi marido, cuando llegue, pensará que he salido a la compra y el niño no creo que se dé cuenta de que falto hasta que empiece a tener hambre para la cena, y para eso deben de quedar bastantes horas porque vine a poner la lavadora en el descanso del culebrón.

[...]

Empiezo a tener frío. La verdad es que esto no es un sitio cómodo. Se me enganchan los pies en estos pequeños agujeritos... Y la penumbra tampoco hace que esto sea muy acogedor, las paredes de acero inoxidable son un tanto frías, pero ahora que lo pienso, ¡lo fácil que sería limpiar una cocina hecha de esto! Una manguera con agua jabonosa, mucha presión y hala, a ver la tele. ¡Qué aséptico!

[...]

¿Cuánto tiempo habrá pasado ya? tengo mucha hambre... tal vez sea por el aburrimiento, pero yo empiezo a estar hambrienta. Y lo peor es que todavía no ha llegado nadie a casa. ¿Me echarán de menos? Bueno, aunque lo hicieran no creo que a ninguno se le ocurriera buscarme en la lavadora. Mis manos empiezan a volverse grises. Supongo que será por la poca luz que hay aquí adentro, pero noto como si se estuvieran volviendo de acero, frías... ¡Qué bobada! Lo que pasa es que mis ojos se han acostumbrado a la poca luz y los colores no existen ahora. Tanto me he acostumbrado que ya ni siquiera me huele mal la ropa sucia que hay aquí dentro, será por el hambre que tengo, pero me pregunto si podría sobrevivir comiendo ropa. La lavadora lo hace, pero tampoco es un ser vivo... ¡y sin embargo me ha comido! Estoy empezando a delirar, tengo que estar soñando porque no puede ser que mi propia lavadora me haya tomado como su plato principal y yo esté dentro del tambor o quién sabe dónde (porque no veo la puerta de la lavadora por donde se introduce la ropa), preguntándome si será cierto que mi lavadora me haya fagocitado... claro, yo ahora soy casi microscópica, ¡y gris! dios mío, ¡y estoy mordisqueando un calcetín!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En USA las lavadoras son tan grandes que mas de un@ cabria perfectamente. Lo que no sé si comen o no calcetines (o gente)
:-)

Anónimo dijo...

Me ENCANTA.

mE encanta.

ME ENCANTA.

Eso le pasó a mi primo por usar un detergente DERMON, la lavadora se la tomó con él, y acabó comiedo calcetines seis días hasta que el lavavajillas se decidió por fin a intervenir, menos mal que a él, le alimentaban con calgonit y le quedaba un ápice de lucidez.