Hoy he vuelto a coincidir con ella en el autobús. Yo la llamo "la mujer anacrónica". Hoy parecía más de esta década, pero es que la última vez vestía unos zapatos de salón atados al tobillo, una falda gris marengo de tubo, una camisa estampada con tonos ocres y negros como de seda y una media melena recogida con una horquilla. Le saqué una foto con el móvil. Me he creado una carpeta que se llama "Gente" y es donde guardo las fotos que le hago a la gente disimuladamente cuando viajo en el tren, metro o autobús de camino a casa. Tengo algunas muy graciosas. Es divertido hacerle fotos a la gente. Luego a mí me miran raro, pero me da igual... ¡que me hagan fotos también! Total, el hecho de no hablar con nadie y vestir siempre con la misma camisa no me hace tan rara. La gente no me gusta para hablar, sólo para mirarlos. Y la camisa me la cambio, tengo tres iguales. Pero he notado que hay una pareja que no deja de mirarme y cuchichear cuando coincidimos en el metro. El otro día les saqué una foto. Los dos iban comiendo chupachups que hacían juego con su ropa. Qué horteras.
Quiero sacarle una foto a ese chico que se está quedando dormido sobre el señor que está leyendo a su lado. Me entra la risa cuando al muchacho se le cae la cabeza y el hombre se asusta y le mira con cara de asco y con el hombro intenta enderezarle. El niño que está sentado a mi lado le está haciendo un video con el móvil. Son dos chicos, dos adolescentes llenos de granos. El que está sentado a mi lado y su amigo. Me han mirado al entrar y se han dado codazos, pero luego han centrado su atención en el joven que se estaba durmiendo. No es capaz de abrir los ojos. Uno de ellos se ha sentado a mi lado y entre risas le está grabando. Miro la pantalla de su móvil y veo cómo acerca el zoom. Yo le acabo de sacar una foto lo más disimuladamente posible. Quiero hacer una colección de gente rara. Porque yo no soy rara, aunque sé que mucha gente lo piensa y algunos hasta me lo han gritado por la calle. Si ellos supieran mi vida entenderían que no quiera buscar ropa nueva como hacen todas las mujeres. O que no quiera desperdiciar mi tiempo hablando con la gente. No me aportan nada y no se merecen que yo les aporte todo lo que sé.
Por cierto que hace mucho tiempo que no me habla Dios. Creo que se está olvidando de mí y no lo entiendo. Voy a sacar mi rosario y le voy a rezar. El chico que está a mi lado se está riendo a carcajadas. No le voy a hacer caso, prefiero mirar al suelo y castigarle mentalmente, porque él me está ofendiendo. El sentimiento de odio hacia la gente está creciendo en mí, pero he de apaciguarme. A mis casi 50 años no puedo perder los papeles como cuando era joven. Y Dios no me dejará entrar en Su Reino si me enfado y les insulto o les agredo. El padre Lorenzo siempre me dice lo mismo cuando se sienta a mi lado en el último banco de la iglesia. Debo ser una persona tranquila, a Dios le gustan las personas tranquilas. "No hagas caso de lo que dicen los demás, en este mundo ya no hay fe". Estos chicos irán al infierno. El que está de pie ha dicho "loca" entre risas. ¡Ay! Si ellos supieran que el final está tan cerca no se tomarían todo tan a la ligera. Falta una parada para llegar a Tetuán. Allí me bajo. El chico que está sentado enfrente mío sigue dormitando y el señor del libro ya se bajó. Los chicos se han aburrido y están jugando a algo con el móvil.
Creo que tengo que hablar con la mujer anacrónica. Creo que ella es mi señal. Desde que Dios no me habla estoy esperando una señal Suya, y creo que el hecho de cruzarme tanto con esa mujer es un signo inequívoco. Esas ropas de los años 40, esa mirada brillante, ese aire de no pertenecer a esta década... Ella me guiará. Mañana, cuando coincida con ella en el autobús, me bajaré y la seguiré. Pero puede que no me quiera dar la información, puede que no me quiera revelar el Secreto. Dirá que no sabe nada. Dirá, como el niño rubito de hace dos años, que no sabe de qué le estoy hablando. No querrá que yo la descubra. Pero esta vez me lo va a decir. Esta vez me tengo que enterar, no puedo permitir que pierda la vida antes de que me lo revele. Dios es muy listo, no quiere que me entere antes de tiempo y por eso me ordena matar a todos los que conviven con el Secreto. Para que ellos no me lo cuenten antes de tiempo. Pero esta vez Dios no se va a enterar. Voy a seguir yendo a misa y voy a ser la más devota. Nadie, Él, no podrá sospechar de mí. Mañana me enteraré. Sí, mañana seguiré a la mujer anacrónica y descubriré el Secreto.
Esta es mi parada.
2 comentarios:
Tiene algo de Poe, de Dostoievski y de Rollins. Me gustó bastante. Lo de "a Dios le gustan las personas tranquilas" me recordó del poema "When I Consider How My Light Is Spent" por John Milton.
Simpática descripción. Muy al tono de Amelie Poulain (seguro que al ser gran fan de esa película también te ha influido en la descripción de los personajes). ¡Un beso niña!
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